ASUMIR RESPONSABILIDAD: Hay que quejarse y reclamar, pero también hay que asumir la responsabilidad y no quedarnos solo en la queja. Esto suele ocurrir en todos los aspectos de la vida.
A los valientes les propongo un ejercicio de autodiagnóstico: contá las veces que te quejás por algo en un día, quejas de cualquier tipo, y pensá si hiciste algo al respecto o solo fue un acto quejoso.
En el secundario teníamos al profesor Othegui que siempre nos recordaba un proverbio chino… “los problemas que no tienen solución no son un problema”. Si existe la solución pongámosnos a trabajar o exijamos que se haga, si no estamos dispuestos a asumir esa responsabilidad, no nos quejemos después.
El problema de la queja es que, además de no conducirnos a ningún lado, favorece un clima de fastidio y desánimo en los que nos rodean, y el desánimo propicia el NO HACER.
Antes de quejarte la próxima vez, pensá si tu queja ayuda en algo, si no, guardátela y en su lugar regalá una sonrisa que nunca está demás.
(Gracias a Maria Ana Rial que compartió este video)
